PIEDRAS EN LAS MANOS.
- Jasser Manjarrez
- 11 ago 2021
- 2 Min. de lectura
Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. Juan 8:7
Buenos días, que la bendición del cielo esté sobre sus vidas.
El mundo pasa por una de las peores crisis que ha podido experimentar, hemos visto como colapsan las finanzas, la salud, y cada sector de la sociedad se ha visto tocado por este flagelo que ha cobrado millones de vidas alrededor del mundo. Es aquí donde se origina mi pregunta ¿POR QUÉ SEGUIMOS CON PIEDRAS EN LAS MANOS? Nos gusta señalar, dañar, juzgar y murmurar de los errores de los demás, cuando la instrucción del cielo fue muy clara: ÁMENSE UNOS A LOS OTROS.
Más allá de conocer la cita nos falta la práctica, porque es en la práctica donde seremos capaces de abrazar, de perdonar y soltar las piedras con las que hemos lastimado sin razón alguna. Necesitamos con urgencia mudarnos y salir corriendo de este otro virus que está matando de forma oculta a muchos hermanos y creyentes que apenas comienzan a dar sus pasos. Este virus es letal, pero tiene una característica primordial: sus portadores están tan dañados por dentro que les impide ver a los demás con amor. Estos eran los fariseos esos que alzaron su voz para juzgar, esos que tomaron una piedra para maltratar y dañar, porque la ausencia de amor les impedía darse cuenta de que sus faltas eran mayores.
Esos que tomaran piedras en sus manos estaban llenos de razones con corazones enfurecidos y ardiendo por tan grande falta. Me imagino a esta mujer destrozada por las palabras que escuchaban sus oídos, estas eras más duras y destructivas que las mismas piedras que estaban a punto de lanzar. Reducida a su estado más mínimo estaba dispuesta a morir y recibir los golpes de un juicio para todos aquellos que infringían la ley. En medio de corazones duros y vestidos de apariencias de piedad estaba uno que sabía perdonar. En medio de la ausencia de un abrazo que la socorriera, estaba uno que la AMABA, uno que no la juzgó, uno que no la menospreció por su error, sino que por el contrario extendió sus brazos de perdón y fue liberada.
Creo que necesitamos de este AMOR en nuestras vidas, porque muchas veces pueden más las piedras que los actos que reconcilian, muchas veces nos creemos tan buenos y justos que nos olvidamos de que fue la misma gracia que nos alcanzó y perdonó nuestros pecados. Amemos sin preguntar, amemos sin medir distancias o razones, porque las piedras desaparecen cuando su AMOR CRECE. Es tiempo que el verdadero amor brote como fruto y se esparza como semilla en un mundo infectado, donde al parecer la cura más efectiva son los brazos de aquel que todo lo perdona.
Desmilitarízate y suelta tus piedras y permite que sea el amor de Dios brotando en tu corazón.
Bendiciones.






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