ENFERMEDAD MANIFIESTA.
- Jasser Manjarrez
- 15 jun 2022
- 2 Min. de lectura
Pero una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada. Lucas 8:43.
Bendiciones de lo alto sean con nosotros en este día.
Cuántas veces hemos escuchado decir a alguien, que el enfermo busca el médico, pues es quien realmente lo necesita, pero ¿Qué pasaría si un anciano con problemas cardíacos se dirige a consulta con un pediatra? ¿O si alguien con un brazo facturado quiere ser atendido por un dermatólogo? Tal vez podría brindarle los primeros auxilios, dar ciertas recomendaciones, pero realmente no está capacitado, porque atender su enfermedad de base, mucho menos resolverla, por lo que es importante también buscar el médico correcto, pues de nada sirven mil exámenes o consultas si el problema sigue estando ahí.
La vida en sus altos y bajos tiende a enfermarnos, como aquel resfriado causado por cambios de temperaturas abruptos y constantes, alguien a quien la vida le golpea con frecuencia, o más propiamente dicho los procesos le moldean, puede llegar a sentirse enfermo, desgastado, desanimado y es totalmente válido, pero el error radica cuando nos gusta el dolor de la enfermedad, cuando el medicamento empieza a saber bien a nuestro paladar y nos hacemos esclavos de dicho estado.
Todos conocemos que Jesús es el médico por excelencia, desde su época sin mucha tecnología y casi nulos avances médicos, ha sido el mayor generador de milagros sobre la faz de la tierra, desde levantar a paralíticos, devolver la vista a los ciegos, resucitar muertos hasta el más importante que es aquel milagro de amor realizado en ese madero que nos dio acceso libre a su gracia y por consiguiente salvación eterna.
En este caso, es necesario resaltar aquella mujer del flujo de sangre de la que tanto hemos escuchado hablar, si fue valiente, aguerrida, arriesgada, pero considero que sobre todo fue sabía, porque como humanos muchas veces lo más difícil es entender los Kairos de Dios y saber aprovechar sus de repentes, esta mujer había agotado todos sus recursos, no había cura ni lógica médica a su enfermedad, y es totalmente irónico que el toque de un manto haya bastado para sanarla, por eso el sentido de todo lo dicho, es que no se trata del manto, sino de quien lo portaba, el médico correcto para todo enfermo.
No permitamos que la enfermedad nos mantenga postrados, sea cual sea tu padecimiento, físico, mental o espiritual, hoy te vengo a presentar uno que con solo el borde de su manto hace posible lo imposible, aquel que no funciona según la lógica de este mundo, pero en quien siempre hay solución a tus problemas, su muerte es el evento vigente que más milagros ha generado sobre la faz de la tierra, por los siglos sus llagas han obrado con poder, su sangre la mayor reserva de medicamento efectivo y todo dado por gracia, gratuitamente.
Así que no corras a médicos equivocados, no busques curas alternativas, no esperes a agotar todos tus recursos, ponle demanda según tu necesidad, y dejaras de ver su poder tan solo pasar para ahora manifestarse en ti. Reta tu fe y verás su mano obra a tu favor.
Bendiciones y comparte con alguien más






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