EL PRECIO DEL SILENCIO.
- Jasser Manjarrez
- 21 abr 2022
- 2 Min. de lectura
Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Salmos 110:1
Buenos dias, que la bendición del padre esté sobre sus vidas.
La vida está llena de etapas, procesos, y ciclos que nos llevan a experimentar situaciones que no nos suman, otras que duelen, pero también otras que terminan por desestabilizarnos por completo. Nadie está exento de estas realidades, muchas veces estamos tan cargados y preocupados que deseamos desaparecer por completo. Nuestro interior está lleno de sonidos, gritos, pensamientos y movimientos que terminan por inundar a la razón llevándonos a un colapso interior.
Cuando la crisis toca nuestra puerta es necesario tener las armas correctas para poder enfrentarla, por ello, a veces el silencio es el mejor aliado, cuando la espera no aprecia lo anhelado. El silencio en el tiempo se convierte en el mayor testigo del rastro que deja el cielo obrando a nuestro favor. Por más difícil que sea lo que experimentas hoy, calla y deja que el cielo obre a tu favor, por más difícil que sea la circunstancia, deja que tus palabras cesen y sean tus ojos cautivados por la respuesta que tanto anhelas.
Mis amados, muchas veces estamos tan cargados de afán que pretendemos que las cosas se muevan a nuestro ritmo, por ende, necesitamos entender que las pausas suman, que la espera tiene su fruto y que el silencio es la mayor evidencia de una dependencia absoluta. El silencio es la respuesta de un hombre que sabe depender de Dios, el silencio es la celebración anticipada de las circunstancias que afrontamos.
La fe muchas veces necesita que hagamos silencio y que aprendamos a esperar para que podamos ver su voluntad abrazando nuestras vidas. Muchas veces nos olvidamos de la cadena de prioridad que el cielo estableció, lo anunciamos, pero no lo vivimos. Cuando el cielo se apodera de nuestras vidas, crecemos a su ritmo, vivimos a su forma y es su voluntad la que nos gobierna. En este sentido, siéntate, deja que las piedras te golpeen, que el señalamiento te acuse, que la persecución toque tu puerta, porque cada uno de estos verán la mano de tu creador peleando a tu favor.
Que tu silencio sea tu mayor arma, que tus palabras sean reducidas y que la confianza se convierta en el mayor aliciente para querer continuar. Recuerda que Jesús en el tiempo de mayor dolor no expresó palabra alguna, porque el silencio era la espera de la gran victoria soñada. Mis queridos, por más dura que sea la situación que experimentas hoy, deja que la fe en Jesús abra las puertas correctas, que sean sus planes los que inunden nuestra mente y que sea su voluntad la que labre el camino que nuestros pasos deben marchar.
Bendiciones y comparte con alguien más.






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