EL NO PERECIÓ.
- Jasser Manjarrez
- 20 abr 2022
- 2 Min. de lectura
Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. 2 Corintios 5:14-15.
Buenos días, que el favor del cielo sea con cada uno de nosotros.
Vivimos en un mundo donde las festividades son fechas casi que solemnes, siempre hay algo que celebrar o conmemorar, seamos conscientes o no de aquello que "festejamos" y lo que es más importante de la forma como lo hacemos, pues la cultura es uno de los movimientos más fuertes que mueve la sociedad, la tradición se vuelve inercia, repetir lo que vimos hacer a otros sin cuestionar razones.
Todos conocemos de aquel Jesús que vino al mundo en el vientre de una mujer escogida como madre, nació en un pesebre en una época un tanto difícil de la historia, que se hizo grande y escogió discípulos, que realizó grandes milagros, hazañas... para luego morir por amor del mundo. ¡Y sí! Todo lo anterior es real, pero conocer la historia de alguien, no es obligatoriamente conocer su persona. Por lo tanto, hoy vengo a presentarte a aquel quien no pereció.
Se llama Jesucristo, y como fue mencionado con anterioridad, su historia es la del hombre más grandioso que ha pisado este planeta, mejor que quien pisó la luna, viajó a marte o descubrió nuevos avances médicos. Este hombre es el verbo, amado de las naciones, príncipe de paz, rey vencedor, tiene tantos nombres como virtudes, carne de un Dios soberano, lleno de deidad.
Más allá que ser el niño del pesebre, es aquel que decidió dejar su trono para tomar un lugar de culpa sin cometer pecado alguno, vengo a presentarte al Jesús que siendo hombre no erró, pero fue condenado, aquel que sudó gotas de sangre en un Getsemaní, que fue molido derramando hasta la última gota de sangre, el mismo que sí murió, pero rasgó el velo y resucitó, ascendió al cielo, reina para siempre, y continúa haciendo milagros.
El Jesús que yo celebro, me ha levantado una y otra vez, como si el sacrificio de la cruz no hubiera sido suficiente, él mismo que ha recogido tus lágrimas en las noches difíciles, te ha llenado de favor y gracia, te abraza cuando nadie lo hace, se queda cuando todos se van, aquel que no se cansa de creer en sus hijos, restaurador de hogares, cambia vidas, mi Jesús sigue haciendo proezas, su cruz es tan vigente como el primer día y su sangre poderosa me recuerda que aquel día gris en el madero valió la pena.
No dejes de celebrar a Cristo, Él no quiere una semana o una fecha, Él merece tu vida consagrada, no esperes una fecha para intimar con papá, vive para Él, seamos sensibles a sus innumerables milagros cada día, pregonemos su amor sin descuidar su gracia, y que la cultura de reino siempre sea mayor, la cruz solo fue un paso, mi Jesús está en su trono, Él no pereció, ÉL VIVE.
Bendiciones y comparte con alguien más.






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